Ataques de pánico: qué está pasando y qué hacer
Qué es un ataque de pánico, por qué el cuerpo reacciona así, qué ayuda en el momento y en qué se trabaja después en consulta.
Por Arantxa Vidal · Psicóloga sanitaria · Colegiada G-5241 · Revisado el
Empieza sin aviso. El corazón se dispara, falta el aire, hormiguean las manos, todo se vuelve irreal y aparece una sensación muy desagradable: esto es un infarto, me estoy muriendo, me voy a volver loco.
Dura unos minutos. Y deja detrás un miedo distinto, más silencioso: el de que vuelva a pasar.
Mucha gente llega a consulta después de haber ido antes a urgencias. Les han hecho un electrocardiograma, les han dicho que no tienen nada y se han ido a casa igual de asustados, porque «no tener nada» no explica lo que acaban de sentir.
Qué está pasando de verdad
Un ataque de pánico es una falsa alarma. El sistema que tu cuerpo usa para reaccionar ante un peligro real, el que te haría apartarte de un coche sin pensarlo, se dispara cuando no hay ningún coche.
Ese sistema no está roto. Está haciendo exactamente lo que sabe hacer, solo que en el momento equivocado. Y todo lo que notas tiene su lógica dentro de esa alarma: el corazón bombea más deprisa para llevar sangre a los músculos, respiras más rápido para meter más oxígeno, la vista se estrecha para fijarse en la amenaza. Síntomas de un cuerpo preparándose para correr, no de un cuerpo que falla.
Saber esto no evita el siguiente ataque. Pero cambia algo importante: deja de parecer que te estás muriendo y empieza a parecer lo que es.
Qué ayuda en el momento
No hay ningún truco que lo corte en seco, y desconfía de quien lo prometa. Lo que sí está descrito:
Soltar el aire más despacio de lo que lo coges. En pleno ataque se hiperventila, y la hiperventilación mantiene muchos de los síntomas. Alargar la espiración corta esa parte.
No pelearte con ello. Suena contradictorio, pero resistirse alimenta la alarma: si luchas contra algo, tu cuerpo entiende que el peligro es real. Los ataques de pánico terminan solos.
No salir corriendo del sitio. Es lo que más apetece y lo que más caro sale: si te vas, tu cabeza aprende que te salvaste por irte, y la próxima vez el miedo será mayor en ese mismo sitio.
Recordarte lo que ya sabes. Que dura minutos. Que ya ha pasado antes. Que no te ha pasado nada.
En qué se trabaja después
Lo que trae a la gente a consulta casi nunca es el ataque en sí: es lo que se va construyendo alrededor. Dejar de coger el ascensor, no alejarse de casa, no ir solo a ciertos sitios, estar todo el día pendiente de cómo late el corazón. Esa vigilancia es la que acaba encogiendo la vida.
En consulta se trabaja por partes: entender qué mantiene el círculo, aprender a regular la activación del cuerpo, revisar la interpretación catastrófica de los síntomas y volver poco a poco a lo que se había dejado de hacer. A tu ritmo.
Suele funcionar bien. La ansiedad es uno de los motivos de consulta más frecuentes y de los que mejor responden al tratamiento psicológico.
Antes de nada
Si es la primera vez que te pasa, y sobre todo si hay dolor en el pecho, que lo valore un médico. No para descartar que sea «psicológico», sino para descartar lo otro. Una vez hecho eso, no hace falta repetirlo cada vez.
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