¿Cuánto dura una terapia?
De qué depende el número de sesiones, por qué nadie serio te lo puede decir el primer día y qué señales indican que el proceso va bien.
Por Arantxa Vidal · Psicóloga sanitaria · Colegiada G-5241 · Revisado el
Es de las primeras preguntas que se hacen, y con razón: hay tiempo y hay dinero de por medio. También hay unas preguntas escondidas debajo: ¿esto va a tener final? ¿Me va a servir para algo?
Sí lo tiene. Lo que no tiene es un número exacto que se vaya a saber.
Por qué nadie te lo dice de entrada
Porque en la primera consulta todavía no se sabe qué hay. Alguien llega por ansiedad y en tres sesiones se ve que la ansiedad es la punta de algo que viene de mucho antes. Otra persona llega convencida de que lo suyo es grave y resulta que con herramientas concretas y unas semanas de práctica se coloca. Todo depende del caso y de la persona. A veces, incluso las personas después de finalizar el proceso quieren venir de vez en cuando como un «chequeo».
Entendemos que la terapia puede parecer algo complejo e incluso un poco abstracto al principio. Es normal querer saber cuánto tiempo necesitaremos o cuántas sesiones harán falta para empezar a encontrarte mejor.
No existe un número concreto de sesiones. Porque tampoco existen dos procesos iguales.
De qué depende de verdad
De qué se trae. No todos los procesos son iguales y dependen mucho de la persona que los realice y de su historia de vida.
De cuánto tiempo lleva pasando. Lo que se ha consolidado durante años necesita más recorrido que lo que acaba de empezar. Es la razón más fuerte para no esperar tanto.
De lo que pase entre sesión y sesión. Esto es lo que más pesa y lo que menos se dice. La terapia no ocurre solo esa hora a la semana: ocurre cuando pruebas fuera lo que se ha trabajado dentro. Quien hace ese trabajo avanza mucho más rápido, y no es cuestión de esfuerzo heroico, son cosas pequeñas y concretas.
De lo que haya alrededor. Como por ejemplo, atravesar un proceso con gente que te sostiene o hacerlo solo.
La terapia no consiste en cumplir un número concreto de sesiones, sino en que cada una de ellas tenga un sentido dentro del proceso, que podamos ir entendiendo hacia dónde queremos ir y qué necesitas para llegar hasta allí.
Cómo son las sesiones por dentro
Al principio suelen ser semanales, porque hace falta continuidad para coger impulso. Según avanza el proceso se van espaciando: cada dos semanas, luego cada mes. Pero insistimos en que depende del caso, los recursos, factores externos. En todo momento lo importante es que nos adaptaremos a ti y a tus circunstancias.
Al final lo importante es ir espaciando las sesiones a medida que avanza el proceso y generar independencia en los pacientes.
Y luego está el alta, que es el objetivo desde el primer día. Una terapia que funciona termina.
Señales de que va bien
No es sentirse bien todas las semanas, porque hay sesiones que remueven y se sale peor de como se entró. Las señales reales son otras: entender por qué te pasa lo que te pasa, notar que reaccionas distinto ante algo que antes te tumbaba, recuperar cosas que habías dejado de hacer, y necesitar menos la sesión para sostener la semana.
Si llevas un tiempo y nada de eso aparece, dilo en consulta. Hablarlo también es parte del trabajo, y a veces de ahí sale un cambio de rumbo que es justo lo que hacía falta.
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