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arantxa vidal psicología · vigo
Psicología infantil

Mi hijo no quiere ir al colegio

Por qué un niño o un adolescente deja de querer ir a clase, qué conviene hacer en casa, qué es mejor no hacer y cuándo pedir ayuda profesional.

Por Arantxa Vidal · Psicóloga sanitaria · Colegiada G-5241 · Revisado el

Empieza con un dolor de tripa el lunes. Luego son dos lunes. Luego es el domingo por la noche, que ya se pone triste sin saber explicar por qué. Y un día se planta en la puerta y no hay manera.

Lo primero que conviene entender es que casi nunca es vaguería, aunque a veces lo parezca y aunque a los adultos nos saque de quicio. Un niño que se niega a ir al colegio suele estar diciendo algo que todavía no sabe decir con palabras.

Qué puede haber detrás

Algo que pasa allí. Un conflicto con otro niño, un profesor que le impone, el miedo a hacer el ridículo al leer en voz alta, no tener con quién estar en el recreo. El recreo es más duro de lo que los adultos recordamos.

Algo que pasa aquí. A veces lo que le cuesta no es ir, es separarse. Una mudanza, una separación, una abuela enferma en casa, un hermano recién nacido. El colegio no es el problema, es donde se nota.

Algo que le supera. Que no siga el ritmo y esté agotado de disimularlo, o justo lo contrario, que se aburra tanto que haya dejado de encontrarle sentido.

Ansiedad, sin más. En la adolescencia, además, esto se mezcla con el sueño, con las pantallas y con una presión social que no existía cuando nosotros teníamos esa edad.

Qué ayuda en casa

Preguntar sin interrogar. «¿Qué es lo peor del día en el cole?» funciona mejor que «¿qué te pasa?», que suele recibir un «nada» por respuesta.

Creerle. El dolor de tripa es real aunque no haya nada en el estómago. La ansiedad da síntomas físicos de verdad, y decirle que se lo está inventando cierra la conversación para siempre.

Mantener la rutina, con cabeza. Cuanto más tiempo pasa sin ir, más cuesta volver, porque cada día en casa confirma que quedarse funciona. Eso no significa arrastrarlo a la fuerza: significa no dar por terminado el asunto.

Hablar con el colegio. El tutor ve cosas que en casa no se ven, y al revés.

Qué es mejor evitar

Los premios y castigos grandes alrededor de ir a clase suelen empeorarlo, porque convierten el colegio en un campo de batalla entre vosotros dos. Comparar con el hermano tampoco ayuda. Y quitarle importancia delante de él, decir «si no es nada», le enseña que contarlo no sirve.

Cuándo pedir ayuda

Si lleva semanas, si aparecen síntomas físicos casi cada mañana, si ha dejado de ver a sus amigos también fuera del colegio, si duerme mal o si ha cambiado de carácter de forma que no reconocéis, no esperéis a ver si se pasa solo.

En consulta se trabaja con el niño o el adolescente y también con vosotros. La intervención familiar no es un añadido: buena parte de lo que cambia, cambia en casa. Y cuanto antes se empieza, más corto suele ser el proceso.

No es un fracaso vuestro como padres. Es un chaval atascado que necesita que alguien le eche una mano para salir.

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